Corren tiempos de florecimiento en la vida musical de Maite Gallardo, quien tras su fulgurante carrera como fundadora, compositora y líder de Shego, empieza a dar grandes señales de lo que guarda su proyecto personal. MaiteQuiero lanzó en mayo Fotos y postales, la iniciática referencia a la que siguió 100, a pachas con Toldos verdes. Compartimos un ratito en Lavapiés a pocas horas de la salida de Montauk, el segundo single en llegar, para seguir dando forma al inminente EP que esperamos catar en no muchas semanas y en torno al cual la artista madrileña se ha rodeado de un equipo de ensueño.
¿Cómo está MaiteQuiero hoy?
Estoy un poco nerviosa, también contenta y con ganas. ¡Y esta es mi primera entrevista!
Las ganas van ligadas, intuyo, al EP, a los conciertos a partir de octubre…
Es, sobre todo, por empezar de nuevo, esta es una aventura que me emociona mucho y tengo muchas ganas de “emprender”. Hasta ahora todo se ha limitado a las redes y no es palpable, yo tampoco lo puedo notar de ninguna forma más que a través de mi móvil, que no deja de ser un poco parasocial. Quiero vivirlo ya a otro nivel.
Por suerte nace MaiteQuiero, cuando podrías haber dicho “hasta aquí”.
Podría haberlo dicho (risas). Lo cierto es que para mí era natural seguir haciendo música porque es lo que más me llena. La escritura y la música van muy de la mano para mí y no concebía hacer otra cosa. Además ese camino me lleva a una forma de hacer música mucho más cercana a lo que a mí realmente me apetece.
En tus primeras canciones fuera hay más melodía, una narrativa más “amable”… Incluso un punto íntimo.
Es quizás una combinación de muchos factores. Mi momento vital, la edad que tengo, me lleva a un punto en el que no estoy tan enfadada como hace unos años, por lo que las canciones no tienen la misma energía. También siento que siempre estaba en mi cabeza el condicionante de que si iba a hacer un determinado tipo de música, tenía que ser desde un lugar emocional. Desde esa premisa, tenía que ser en su día desde el cabreo, desde la batalla, porque entendía que no tenía cabida otro discurso en el rock, pero en realidad no tiene nada que ver. Puedes tener un sonido muy contundente, muy duro, y que tus letras, lo que quieres contar, tengan otro camino completamente distinto. En mi idea, en mi ignorancia, la investigación me llevaba a eso, a que estuviésemos cabreadas con todo y a componer desde ahí. Ahora mi deseo es más el de indagar en lo emocional y de expresarme desde ahí, más que de estar atada a un sentimiento concreto. La canción aparece y luego yo ya trato de otorgarle el sonido que me dé la gana.
¿Estas canciones han nacido ahora?
El EP tendrá cinco canciones y una de ellas la compuse en 2022. Hace mucho ya de aquello, la rescaté. Cuando empecé a tomar decisiones sobre lo que iba a hacer ahora, quise echar un vistazo entre las cosas que no encajaban con el anterior proyecto. Quería recordar si era porque entonces no pegaban o porque por entonces no me gustaban, y me encontré con esta canción que me gusta mucho. Se llama Rave en el bosque, y guarda la historia de una noche en concreto. Fui cambiándole cosas al vivirla ya desde un presente en el que sé cosas que en su momento no sabía y por eso no estaba terminada. La canción evolucionó y decidí quedármela, pero es cierto que casi todas las demás las he creado en el último año y medio.
En el proceso de grabación te has rodeado de artistas y productores tops, desde Dani Sabater (RATA) a Martí Perarnau, Zahara…
Tenía muchos nombres en la cabeza, trato de llevar las maquetas todo lo lejos que puedo y produzco también todo lo que puedo de las canciones. Pero hay un momento que o bien me saturo o, por pura pereza, necesito otro cerebro que esté a mi lado y me diga “venga, vamos a sacar esto adelante”. De no ser así, muchas cosas se quedarían en proyectos a medias, porque de repente me pongo a hacer algo nuevo, me entusiasmo con ello y hasta luego. Me gusta sentarme con alguien que tenga buen gusto y de quien pueda aprender todo lo posible porque yo llego hasta donde llego.
Hubo un momento del año pasado en el que empecé a trabajar con Dani, con el que coincidí en el estudio en un momento en el que estaba haciendo yo alguna sesión con otros artistas como compositora. Me gustó cómo trabaja, me gusta su energía, es muy vivaz, muy alegre, y me llamó la atención el hecho de que tiene muy buena onda con el pop femenino. No conozco a muchos hombres que trabajen con una música más pop, me pareció algo súper interesante y empezamos a currar juntos. Le enseñé las demos, las pulimos un poco y es cierto que se quedaron en un lugar que para mí digamos que era como demasiado nuevo, electrónico. La idea que yo tenía conllevaba una organicidad a la que quizás no estábamos sabiendo llegar currando juntos. Aprendí muchísimo con él y nos lo pasamos muy bien, pero sí entendí que esto necesitaba un punch, necesitaba algo más analógico y contar por tanto con un estudio que tuviera más recursos.

Entonces mandé las canciones a Zahara, que somos amigas y me apetecía mucho enseñárselas, y ella me dijo que se las había enseñado a Martí y le habían encantado. Él estaba en un momento de mezclar canciones para proyectos que están empezando, es un mega friki del sonido y se moría por trabajar con grupos que igual no tienen tantos recursos o que sencillamente son emergentes. Zahara me propuso trabajar con él, y yo propuse que, en lugar de mezclar, terminásemos de producir estas canciones. Le pareció una muy buena idea y fue una experiencia genial durante una semana en su estudio, en su casa en la sierra. Fue la hostia, y es que además sé que he currado con muy buenos productores siempre, estando ellos muy al servicio de lo que se proponía. En el caso de Martí fue más bien un “qué idea tienes y vamos a ver cómo podemos llevarla a cabo”.
Fui partícipe constantemente del proceso de producción y cuando no podía llegar a algo a nivel técnico, si lo tarareaba, lo tocaba o lo chapurreaba de alguna forma, se terminaba grabando y se hacía realidad. No tuve ningún impedimento y su conocimiento amplificaba mis capacidades. Me entusiasmó muchísimo el proceso, yo que había ido a Martí con la premisa de que soy muy directora de mi proyecto y que no dudo en cortar cosas que no me molan. El proceso de mezcla fue muy largo también, él ha sido un currante absoluto.
¿Este proceso ha ido en paralelo al lanzamiento de 100 con Toldos Verdes?
Aunque se han publicado con poco margen Fotos y postales y 100, no surgieron a la vez. Cuando Álvaro (Vidal) estaba empezando a escribir el segundo disco (en el que yo participé), esta era una de esas canciones que igual salían porque las hicimos a la vez. Los dos nos entusiasmábamos mucho, nos enseñábamos canciones y nos salía muy fácil trabajar juntos, algo que sigue siendo así a día de hoy. 100 salió en aquel momento, se quedó en el tintero porque no sabíamos muy bien cuál era el mejor momento para lanzarla, y al final vimos que aunque pertenecía en cierto modo al disco, también podía ser un punto intermedio entre lo que yo iba a publicar y lo que ellos ya estaban lanzando.
Curiosamente, por el momento vital, sí podría pasar como algo hecho ahora.
Si la hubiéramos publicado en otro momento, quizá un año antes, no habría tenido sentido por el discurso, pero justo en ese momento conectaba con una etapa muy luminosa y muy feliz. Pero sí, se hizo unos dos años antes, así a ojo.
Cómo se lleva MaiteQuiero al directo.
En tres de las primeras fechas abriré para la banda argentina Pacífica, y en esos conciertos estaré sola junto al ordenador y mi guitarra. No va a ser el formato que lleve a posteriori, es decir, es algo que limitaré a propuestas cortitas o showcases. Mi idea es ir con banda siempre que pueda, tal y como ocurrirá en la Sala El Sol el 12 de noviembre (dentro de MAZO Madriz) y en otros conciertos que confirmaré pronto. Lo que hay fijo es base rítmica (bajo y batería) y luego en función de la ciudad y el contexto sumaré músicos.
Al proyecto nuevo sumas otras labores que van más allá de la música.
Está siendo una gestión bien curiosa, y es cierto que hasta ahora lo he ido haciendo todo yo sola, pero está llegando ya ese momento en el que necesito ayuda. Los conciertos que han salido son una realidad gracias a que me han ido contactando de manera directa, de hecho yo no esperaba tocar este año y que se dé así es muy guay. Saldrá este mismo mes Rave en el bosque, el sencillo del que hemos hablado antes, el EP estará en plataformas a principios de octubre y, a nivel booking, estoy todavía decidiendo con qué equipo quiero currar. De enero a junio estuve haciendo una residencia y en el proceso, mientras hacía las canciones e iban saliendo cosas, he tenido un montón de ofertas de gente que me gusta mucho y, por eso, ahora estoy en ese proceso de elegir bien. Antes, siendo más joven, curraba y tomaba las decisiones más por intuición, intentando tener un equipo que fuera fiel a lo que hacía, pero ahora trato de cuidar más cada paso que doy. Me reúno muchas veces, pienso bien qué hacer y, por eso, mientras tomo la decisión, por el momento vivo en la independencia total y estoy solísima.
¿Qué da más respeto a la hora de elegir y/o formar equipo en esta etapa?
Trato de mostrar algo muy íntimo, que es algo que siempre he hecho, pero ahora lo hago desde una exposición totalmente individual. Todas las críticas y elogios, todo ese peso recae en mí, algo que es positivo y negativo a la vez. Hay una parte de la crítica negativa que en realidad me la pela bastante, me preocupa más mi crítica constante hacia mí misma y ese previo a cómo se va a percibir, más que lo que venga después.
Soy súper consciente de que habrá gente a la que no le guste esto, pero el momento previo, todo el tiempo de creación, pre-producción, producción, composición… son momentos de estar muy sujeta a mi fe y a creer en el proyecto para que no se me vaya la bola y piense mañana en dejar la música porque llevo mucho peso encima. Me da respeto en qué entornos trabajar, con qué equipo. Me da mucho vértigo y por eso voy tan despacio. No es sencillo estar bien acompañada, todo el mundo tiene sus intereses y, por eso, me apetece currar con alguien que quiera hacer del proyecto algo de lo que se pueda vivir generosamente y al mismo tiempo que lo sienta con calma. Que no sea un proyecto que uno quiera exprimir y ya.
Pienso en que la voy a cagar conmigo misma si no elijo bien, y esto antes no me quitaba el sueño: el acercamiento a la música era más juguetón, más juvenil. Probábamos cosas a ver qué salía y luego iba saliendo y todo eran bendiciones. Ahora pienso en que si no elijo bien será mi culpa. Y eso es un rollo.
