Hoonine, es decir, Carmen Alarcón, está viviendo entre carreteras y aviones desde hace ya unos añitos, pero este 2026 ha terminado por desbordar su Calendar. Su proyecto personal, con Ya no duele (Warner / Raw) como el gran aporte por el momento de este año, la ha llevado desde abril a este mismo mes de septiembre por todo tipo de eventos al aire libre, al mismo tiempo que ponía la garra y la diversión a los platos en la gira infinita de Viva Suecia. Conseguimos tomarnos un café con Carmen en Madrid para hacer balance y confirmar la ilusión con la que ve el futuro.
¿Cuánta energía le queda a Hoonine?
Siendo sincera, estoy descansada ahora porque llevo cinco días sin salir de casa, algo que para mí es casi un imposible. Es algo chulísimo, y estoy tranquila.
“La calma” de Madrid, por así decirlo.
Abandoné Murcia en abril y llevo unos meses en la capital, pero tengo la sensación de que no he estado nada aquí hasta ahora, entre unas cosas y otras.
Desde primavera no has parado, incluso con mudanza de por medio. Hagamos un balance, si es que eso es posible.
Justo esta semana está siendo la de hacer balance porque en clave Hoonine me quedan unos tres conciertos y de Viva Suecia tampoco quedan muchos de aquí a final de año. El ritmo baja mucho. Diría que toda esa etapa ha sido muy positiva, pero me cuesta mucho todavía encajar todo lo que ha ocurrido. La mudanza empezó en abril, en mayo tocó estar en México y desde entonces no tengo la sensación de haber parado en ningún momento. Todo lo que me ha pasado estos meses es algo que llevaba buscando mucho tiempo. Con Viva Suecia llevo ya unos años rodando y es terreno seguro para mí, tengo ya esa confianza, pero con mi proyecto puedo afirmar que nunca se ha visto en estas. Para cualquier proyecto de la envergadura de Hoonine, muy pequeñito todavía, girar y hacer veinte festivales es para mí un éxito, es una victoria que ni hace un año yo imaginaba que pudiese ocurrir. Se ha dado y obviamente me pone muy contenta y feliz, aunque esté agotada y necesite descansar un poco.
¿Quizás el EP Una foto al sol marcó un punto de inflexión en el sentido de llegar a más gente y de la contratación?
Creo que se han dado al menos dos factores. Obviamente el EP juega a favor porque hubo un cambio de estilo y mucha gente abrazó varias canciones más allá de los singles, pero al mismo tiempo sé que a día de hoy es difícil llegar a la gente solo desde las plataformas digitales. Hay que ser consciente de la masa de canciones que salen prácticamente cada día, con propuestas buenísimas. Yo siempre he apostado y abogado mucho por el directo y donde he puesto más la carne en el asador ha sido en eso, en preparar un show que fuese divertido, atractivo, que fuese bonito de vivir. Todo el peso ha ido ahí, y desde ese punto ha habido un efecto expansivo que ha supuesto que, al funcionar en determinados sitios, ha terminado por llevarse a otros espacios similares. Esta es mi sensación de lo que he ido viviendo. No es sencillo conectar con la gente a través del digital, y no digo que no se pueda, pero considero que es en vivo, en los directos, donde mejor se llega a las personas.
Pasaste de componer con guitarra a hacerlo con el piano. ¿Cuál está siendo el siguiente paso compositivo?
La guitarra es mi instrumento porque es el que llevo tocando desde siempre, pero más allá de eso sí creo que hay una vuelta precisamente a la guitarra, no tanto en el proceso inicial de la composición sino con el objetivo de que pertenezca al resultado final, es decir, que acabe en la canción. Por poner un ejemplo, Ya no duele empieza con un guitarra, y casi todas las cosas que están ocurriendo ahora tienen su base en ella, no tanto como una guitarra clásica de pop o de rock. Más bien forma parte de una textura que me cuesta replicar con cualquier otro instrumento. Tengo la capacidad de hacer sintes de casi cualquier cosa, pero me cuesta replicar el sonido de la guitarra y es una textura que me interesa mucho. El piano nunca se va a ir tampoco, pero estoy volviendo de algún modo ahí.
Hablas de Ya no duele… ¡Queremos más!
Cuesta mucho compaginarlo todo. El chip concierto es algo muy automático, de que tengo estas horas de carretera, de llegar al sitio, montar, probar, tocar, recoger, volver, poner cuarenta lavadoras, descansar x horas y dos días después estar fuera otra vez. Es complicado encontrar espacios, no ya de tiempo, más bien vitales para poder escribir. Es una cuestión de logística y también emocional, vital, y necesito distinguir entre ambas cosas para poder encajar ahí la composición. A esto debo sumar el hecho de que no soy una persona que componga rápido, y me cuesta además mucho el formato single. Esto lo hablo mucho con Tony (Raw Music), me cuesta porque siempre estoy buscando englobar algo más y trabajar en algo más grande. Me veo sacando cuatro canciones con guitarra, pero no concibo lanzar una, que la siguiente sea otra cosa, que la que viene después no se parezca a esas dos…
Aquella canción conceptualizaba un presente entonces borroso, ¿estás ya en otra pantalla más nítida?
En mi cabeza siempre tengo claro lo que quiero que ocurra y lo que creo que va a ocurrir, igual que ahora tengo claro lo que supone parar un poquito y que tengo incluso más ganas de hacer un disco. Tengo muchísimas ganas y también tengo canciones sobre las que empezar a trabajar, pero precisamente por eso de que me cuesta tomar la decisión y necesito primero que todo esté muy medido. Hasta que no vea claro al 100% que ese conjunto de canciones pueden convivir, me va a costar dar el paso, pero quiero hacerlo. Quizás sí lance un single en pocos meses, pero será parte de un disco sí o sí.
Un larga duración, se intuye.
Que sería mi segundo disco, además. Muchos artistas tenemos la sensación de que vamos lentos, que no necesariamente es lo que de verdad pasa. Veo proyectos que llevan poquitos años y van por su tercer o cuarto disco. Yo no sería capaz, pero sí siento que todo lo que he hecho hasta ahora tiene su sentido si miro atrás y pueden gustar más o menos, pero todo está más que justificado.

Dentro de estos meses de gira seguro que hay momentos que jamás olvidarás.
Han pasado muchas cosas muy bonitas. Sin ir más lejos, en La mar de músicas se dio un momento para mí super especial. Ocurre que en mis conciertos, o al menos es la sensación que tengo yo, la gente se enfrenta en cierto modo a lo desconocido, y cuando yo siento que estoy conectando con la gente me parece lo más bonito que me pasa. Creo que puede ser “más fácil” cuando estás ante un público que sabe a lo que va y que le mola lo que estás haciendo, pero cuando empiezas de cero estás en un terreno desconocido en el que tienes todas las de perder y también todas las de ganar, y me gusta eso, cuando se dan momentos así, inesperados, como en el Palencia Sonora. Tocábamos a las 23:00h un jueves, y no sabes la cantidad de gente que vi disfrutar, pasárselo bien, súper dentro del concierto. Me emocionó muchísimo, además era un público de todas las edades bailando, cantando… Nunca me había pasado esto de que la gente cante tanto mis canciones. Tengo muchos momentos inolvidables en esta gira, me ha sorprendido a mí misma, que iba sin saber a qué me iba a enfrentar y al final he ganado muchísimo.
Escribir es terapia para ti, y si la gente canta lo que tú escribiste en tu habitación, la terapia se multiplica.
Es mejor, de hecho es cuando empieza a cobrar sentido. Cuando escribes y cuando publicas canciones no sabes cómo llegan por mucho que te lo digan. Cuando veo con mis propios ojos a alguien en la tercera fila cantando Ya no duele a pleno pulmón, piensas en la de veces que habrá escuchado esa canción, en cómo la habrá hecho suya y en que la ha llevado a su historia. Es algo súper bonito, y da igual si son diez mil personas o una.
Y te vendrán flashbacks de cómo empezó todo hace unos añitos.
Y no dejas de preguntarte qué está pasando. Esto me ha pasado muchas veces, como en Cuenca, que veía a gente con sus camisetas de Hoonine, cantando. Me sigue resultando muy ajeno, no termino de entenderlo mucho.
¿Tras Ed is Dead a quién sumarías hoy?
Hay mucha gente haciendo cosas increíbles a nivel producción en nuestro país. No tengo claro por dónde iré aún pero sí que me gustaría que tuviese ese perfil dual de controlar, por un lado de electrónica, pero también de grabar una batería, de pop, de rock. Me gustaría encontrar un perfil que esté un poco en medio porque lo que yo hago está precisamente en ese punto. Estoy virando hacia cosas más orgánicas, he pasado a Tony una lista enorme de gente con la que me gustaría trabajar y conforme la leo pienso: “esta persona no podrá, esta tampoco…”. Es difícil que te echen un cable por agendas, por tiempos, y luego cuando la cosa sale adelante considero vital poder conectar. Hay gente buenísima con la que no terminas de conectar y así no es posible trabajar. Lo veo como algo casi más personal que técnico, y no es sencillo hacer match.
Es cierto que Hoonine no es comparable a casi nada en nuestra escena.
Siempre que busco referencias intento revisar en lo español, en lo latino, y cuesta un poco, siempre pensando en algo que se asemeje un poco a lo que estoy haciendo, precisamente para encontrar esa figura que me eche un cable. Alguien aparecerá, pero soy consciente de la dificultad.
Todo esto en una industria que te pide ya mismo tener esbozado el año 2027.
En esto pienso mucho porque quiero crear sin presión pero no puedo hacerme la sueca con esto y fingir que el mundo no se mueve, y más cuando trabajo y vivo de esto. Lo importante es que estoy trabajando en ello, y aunque querría tener más descanso siento que hay algo dentro de mí que me pide hacerlo. Lo ideal sería hacer dos años de composición, por ejemplo, pero algo me dice que tengo que apretar y seguro que eso tiene que ver con todo lo que empuja detrás. Es una decisión forzada por mí, las personas nos solemos autoimponer cosas.






