En plena gira veraniega (este agosto actúa en Liétor, Liandres y Comillas), la artista de Getafe Alicia Castillo continúa presentando su interesante segundo LP autoeditado, Silencio y vértigo, en complicidad una vez más con TIERRA Audio. Como quizás llegues por primera vez a sus canciones, debes saber, en primer lugar, que Alicia es una artista de directo, y quizás suene a frase hecha, pero la realidad es que todos sus grandes hitos se han dado encima de los escenarios. Abrir para Andrés Suárez en la Sala But o para Yoly Saa en el Teatro Eslava son solo dos ejemplos en un camino que empezó en pequeños bares y en el metro de Madrid.
Quizás ahí nació el germen de Orgánico, una serie de sesiones grabadas en directo que, juntas, se convirtieron en su primer álbum, publicado en 2023. La evolución en Silencio y vértigo es evidente a muchos niveles, tanto en lo conceptual como en las formas, contando con un equipo de trabajo de muchos quilates, empezando por los hermanos Juan y Cris Velda con su estudio Arrefice o los productores e ingenieros Hernán Calvo y Jacobo Naya. Si a semejante combo añades a Alberto Vela en arregos y mil cosas más, al baterista Jairo Ubiaño o al guitarrista Álvaro González (todos inmersos en proyectos inmensos) entre otros, te queda un dream team de locos para sacar adelante diez canciones que acercan a Alicia poquito a poco al pop rock, abren la puerta en determinados momentos al folk y estructuran juntas un pasaje de intenso duelo con el objetivo primordial de sanar.
Los puntos de inflexión son fases lógicas del proceso, aunque también hay lugar para una pausa con Tuvo sentido, que Alicia canta a dúo junto a María Parrado, en uno de los momentos más emocionantes y duros del álbum. La parte final es especialmente fascinante, con esas distorsiones en Tras la puerta y en la más melódica Un mundo escondido, que parecerían representar la revolución en una misma, el renacer o abrir los ojos a pesar de todo, aceptando que toda experiencia, buena o mala, debe vivirse y experimentarse en su totalidad. Así, una puede asumir los sonidos limpios de Tan bien para cerrar el disco en unos minutos que ojalá se conviertan en los más coreables en directo. En definitiva, este es un álbum íntimo, honesto y de muy bella factura con el que Alicia Castillo sigue haciendo camino con paso firme, dando alas a nuevos sonidos y a nuevas formas de sentir componiendo. Si te han entrado ganas de verla en vivo, además de los lugares ya citados, tendrás la oportunidad de verla en octubre en Valencia, Elche y Murcia, aunque lo mejor es seguirla en sus canales oficiales para no perderte nada de lo que venga después.
