La Sierra de Madrid guarda un tesoro difícil de describir con palabras en el corazón de una laberíntica casa de madera en la que la danza, la producción, la composición y las clases de canto son todo uno. Allí creció y se sigue desarrollando como artista Sara del Valle, quien tras un primer álbum revelador, Isaac (2021), el EP Paquita (2025) y singulares revisiones de sus canciones en acústico, en directo y en colaboración con otras grandes artistas, se atreve al fin con su segundo larga duración.
De esta nueva etapa ya conocemos adelantos como el exquisito Momentos lentos (canción candidata en su momento a Benidorm Fest), la original pedida de mano titulada Siempre, y el beef con mucha tela que cortar titulado Cambio de piel. El pop, el rock, el folk y el góspel (qué alegría la vuelta de esto último) se han cogido más de la mano que nunca, y con esa fuerza tan inusual, Sara está construyendo una nueva narrativa que, si bien sigue honrando a su círculo más cercano, convirtiéndolo en canciones y, por tanto, en íntima y elegante eternidad, ahora la engalana de flores, de naturaleza, de color verde, de azul, de amarillo, del rojo de las rosas y de los tejados, del castaño de las puertas y de las escaleras.
De esta forma da vida a El último paseo (Indica / Virgin), una composición especialmente intensa con los versos a flor de piel, con la viva emoción de quien ha amado como nadie a su mascota, a su fiel amigo durante 14 años, su perro Duque. La producción en El Santuario es una absoluta barbaridad, contando con el aporte de sus inseparables Julio Gómez, Rubén Vispe, Guille Golden y Julen Zaldua, y partiendo como concepto de esa puerta abierta que Duque cruzó tantas veces. Ese es el símbolo: la posibilidad de seguir encontrándose de la forma que sea.
En lo puramente técnico o estilístico, si es que eso fuese realmente importante en una canción tan de erizar, estos minutos suponen una vuelta al folk americano, también en cierto modo a la canción de autor (algo no tan habitual en Sara), pero la clave está en el camino hacia un pop emocional que sube varios escalones de belleza, allá donde el alma soul y góspel parecen alcanzables tan solo por unos pocos.
Sara del Valle quizás sea la última en llegar a ese exquisito club, se estará acomodando con su eterna sonrisa mientras tú lees esto y, a buen seguro, estará dando conversación a alguno de esos otros artistas únicos en los que tardará mucho en reconocerse. Pero lo hará. Estamos convencidos de que lo hará. La luz, la paz, la ilusión y la pausa serán transversales en Mimo, un trabajo que verá la luz presumiblemente en febrero del próximo año, y del que todavía podremos conocer algún adelanto más en las próximas fechas. Queremos tenerte cerca, Sara del Valle.






