Revista Sold Out > Noticias > Discos > «Maneras de cagarla», el interesante álbum debut de Pagafantas.
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Estamos convencidos de que no están tan cansados de Madrid como dicen porque nos los encontramos en todos los saraos de la capital. ¡Y bien que hacen! Marc, Marco, Marcos (no, no es un vacile), Javi y Pol se definen como los cinco jinetes de la desvergüenza y llevan ya unos tres añitos cantando al desamor en todos los contextos posibles, unos más frikis que otros, en una espiral instrumental que deriva en el pop más pegadizo y cercano que os podáis imaginar.

Para refrendar sus intenciones, acaban de publicar un LP titulado Maneras de cagarla, un conjunto de doce canciones en las que caben las fiestas, los videojuegos en línea, las resacas más apoteósicas, el costumbrismo más inusual, las esperadas referencias futboleras y, en general, muchas imágenes nocturnas dispuestas a inmolarse en las calles más movidas del centro de la ciudad. El título del álbum tiene su razón de ser en que son las primeras canciones de Pagafantas, es decir, son sus doce primeras maneras de cagarla musicalizadas, sumando seis a las que formaron parte del EP Aunque pases de mí que trajimos a la Sold Out en el nº 32 (marzo de 2025).

Por ello, y aunque somos ultrafans de Fútbol, de LoL o de La (escatológica) noche de Jose, bien merecen algo de protagonismo el resto de pistas, que siguen llevando la firma en la producción de Alex de las Heras, quien además pone orden en la mezcla junto a Pablo Bermejo, y seguimos encontrando a Jorge Blanco de Klinik Studios en lo relativo al master. Otra novedad es el portadón de un clásico de la cartelería como Wizzard Designs.

Hechas las presentaciones, activamos las notificaciones para gozárnoslo con la clásica estructura pop de Fueguito, una obsesión enfermiza hecha canción, pegadiza como la que más y cuya ansiedad pegadiza contrasta con la pilladura más tóxica (¡amigo, date cuenta!) en primera persona de Otro finde sin ti. No es necesaria ni una figura retórica en las letras de Pagafantas porque la mejor forma de hablar de lo que nos pasa es de forma directa y para todos los públicos.

Uno se siente incluso más identificado con muchas de las realidades tan gráficas que propone el disco. Por ejemplo, Difracción podría ser un corto de tres minutos con escenas en una estación, en el salón, en un coche y en una habitación para dos. Sí, un disco divertido también puede tener pasajes jodidos, reflexivos, algo que se extiende al reencuentro que se produce en Rosales. Unas inesperadas teclas de piano dominan Lo que me queda, la breve balada del disco, ligada con naturalidad a la canción que le da nombre y que, además, lo cierra con súper colabo de Hazme Caso incluida. En conclusión, un disco completísimo de rock, pop y corn.