Quién sabe si en Maravillas Club hemos presenciado el directo de uno de los futuros grandes nombres de nuestra música. Galones y alma no faltan en Billman, y las canciones parecen acompañar para empezar a construir el relato. Sin ir más lejos, los sencillos disponibles en plataformas, Carta breve para un largo adiós y el recién llegado Moby Dick son buenas puntas de lanza para crecer desde la humildad de quien trabaja su movida rock alternativa (llamadlo post punk si queréis) con la calma que brindan los focos apagados. La banda madrileña Billman, liderada Bruno Villapol, tiene en sus manos resolver la duda, y ninguna prisa.
Bruno, sorprendiéndose a sí mismo al ver volar su mundo interior convertido en canciones entre las cabezas de una sala abarrotada, cuenta con el aporte instrumental de Jorge (bajo), Javi (guitarra) y Edu (batería). Los cuatro ofrecieron un show sin excesivas florituras, centrando el tiro en un mensaje marcadamente literario que, junto a ese punto oscuro, conecta con referentes de la talla de Germán Coppini, por mucho que las guitarras quieran desviar el foco.
En directo, además de la sobriedad del frontman, destaca una línea de bajo espectacular de principio a fin, algo muy relevante en una banda con tanto apego a las guitarras pesadas y a los punteos guía. La conclusión es que es muy difícil aburrirse en un show así porque aunque a simple vista no lo parece, están pasando cosas todo el rato de un extremo al otro del escenario.
Siempre hay lugar para una versión consciente de Los Planetas, porque además en el caso de Billman suma y mucho, pero lo que más recordaremos de esta etapa de la formación madrileña serán las sensaciones propias de quien posee una identidad narrativa con mucho potencial, que seguirá creciendo en lo emocional y que se intuye además con mucho margen de desarrollo. El cuaderno de bitácora de Bruno empieza a ser al fin del mundo, y en Murcia la sala REM ya cuenta los días para recibirles el 26 de este mismo mes dentro de los diferentes actos de La Disquera.
