Las primeras semanas del año han sido muy intensas, con muchísimos lanzamientos importantes y de una calidad brutal, y es cierto que no podemos abarcarlo todo, pero sí intentamos escuchar todo lo que nos llega. En esta ocasión ha ocurrido que tras pulsar sobre la canción Nueve de febrero, empezaron a sonar unas notas limpias y atractivas de piano, y he sentido la necesidad de quedarme ahí, para ver qué más ocurría. Entonces apareció la voz de Idoia, cantando al insomnio en la noche madrileña tras un concierto. Del teatro a la soledad, saboreando el vértigo de una felicidad inmensa, y saliendo airosa y coloreada de entre los monstruos y los laberintos, la artista de Aramaio consigue volver a la realidad antes de que el mundo estalle (y no debía quedar mucho para eso). Con sinceridad, estoy súper feliz de haber hecho clic, porque esta canción tan emocionante, tan en blanco y negro como apunta su nota de prensa, es la alegría del mes.
He investigado un poquito, y ahora ya sé que este tema es el primer sencillo de un disco que además abrirá, titulado De amar y desandar. Este trabajo se ha grabado en otro de esos lugares que apuntan a ser cuna y templo de muchas grandes canciones, los Estudios El Lado Izquierdo de Dani Richter. Además, cuenta con la producción de Sergio Valdehita y Carlos Sosa. Con estos mimbres, tiene más sentido que la canción se haya quedado impregnada en estas paredes, en el aire, en el teclado y en este café recién hecho. Para quienes no conocéis a Idoia, lleva ya unos añitos siendo la sensación de la escena vasca, y ya con veintiún años publicó un primer disco de siete canciones en las que mezclaba con solvencia detalles pop, folk, y bossa nova. Por supuesto, está sonando ahora mismo ese llun eta Abar, y de nuevo vuelve a sonar ese piano, quizás más joven, pero con la misma solemnidad, y también con la misión de abrir el disco. Quizás sea una seña de identidad, pienso.
Me animo a degustar la guitarra limpia del Viejo refranero, en otra composición en blanco y negro que me guardo para hacer mejores esos viajes diarios en la línea 5 de metro. Noto la raíz, mis pies bajan al suelo mullido por fin, y el cerebro ha dejado de ir a mil revoluciones para centrarse, casi por instinto, en ese “cantando se alegran los corazones”, entre el jaleo y los aplausos. Mi preferida, de momento, será 25. Artikulua, con la colaboración del gernikarra Eñaut Elorrieta. ¡Vaya, pues un disco que todavía no ha salido me ha llevado a un disco debut! Volviendo al presente, De amar y desandar verá la luz en primavera, y será un disco muy personal en el que Idoia buscará transmitir las experiencias vitales de una etapa de cierto silencio en la que ha sabido crecer desde la fragilidad, con una mirada positiva hacia el horizonte, hacia lo que estaba por venir.
Es bueno desandar si es para recoger detalles de lo vivido y convertirlos, como por arte de magia, en canciones, valiéndose para ello de acordeones, contrabajos, vientos y cuerdas, además de ese piano rey que me ha traído hasta estas líneas. De momento, Idoia solo ha anunciado fechas en Euskadi (y en La Rioja) entre abril y junio de este año, si bien espero con mucha ilusión que la lista de ciudades y pueblos se amplíe con el paso de las semanas. Anoto en el calendario el nueve de febrero como otro de esos días señalados del año desde este instante, y te doy las gracias y la enhorabuena, Idoia, por esta lección, por tu desandar.
