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extraños pasajeros

Se avecinan buenos tiempos para esta interesante banda madrileña indie rocker que no ha dejado de esforzarse desde 2021 en evolucionar su sonido, logrando al mismo tiempo que éste siga siendo diferencial, algo nada sencillo por mucho que pueda parecerlo, al menos en este caso. Sin ir más lejos, Baby, su primera referencia de este año, es un rock and roll con todas las letras, divertido, bailable, con su indispensable teclado juguetón y con las dos voces elevando estribillos y coros de esos que ya no te puedes quitar de la cabeza desde la segunda escucha. En cambio, Camino corto, sencillo lanzado el pasado octubre, es un caluroso pop de perfecta y amable ejecución, directo y que no deja de crecer (ideal para estropear las gargantas de las primeras filas); y yéndonos ya al mes de septiembre, Olas apela a la épica entre sintes y reverbs, en una canción igual de pegadiza que las demás y que podrían remixear mañana si quisieran por las vibras que guarda dentro de sí.

Volviendo al presente, Extraños Pasajeros acaba de lanzar El ruido de los coches como último envite (que sepamos) para presentar su esperado disco, El club de los fugaces, un trabajo que retratará una noche nada extraordinaria de esas en las que manda el piloto automático y un rumbo incierto tan solo para evitar estar quietos. Si has vivido amaneceres de esos en los que la música va dejando su lugar al ruido de los coches y todo parece volver a la “normalidad”, este será tu disco de cabecera desde el mismo día de su lanzamiento, marcado para el 6 de abril. No busques una etiqueta concreta porque tan solo encontrarás sensaciones compartidas, finales esperados, muy pocas conclusiones y la decisión de seguir, de continuar por encima de todo. Nada cambia salvo nosotros, al mismo tiempo que todo vuelve a su origen. El 9 de abril Extraños Pasajeros presentará este nuevo álbum en la madrileña Copérnico tras conquistar otras salas míticas de la capital como la Sala El Sol o el Café La Palma, y liarla en festis como el Gigante o el Jardín de las Delicias entre otros. Se palpa la ilusión y hay un equipazo detrás. El club está abierto.

El ruido de los coches.

Suenan los primeros segundos de sintes y ya quieres quedarte en esta canción, que como las demás del nuevo álbum llevan la firma en la producción de Santos & Fluren. Estos tres minutos podrían resumir casi a la perfección el sentido de todo el conjunto, al aunar nocturnidad, cierta introspección y la ansiedad de una mente que no encuentra descanso en una ciudad que nunca duerme ni deja dormir. La belleza incómoda, las emociones que encuentran la forma de escapar de uno mismo y el debate interno entre la huida y la calma protagonizan un ratito mágico también en lo instrumental.