La larga espera ha llegado a su fin, ya que 16 años después de Baile de máscaras (editado también por Subterfuge), Landa vuelve al ruedo con un tercer álbum creado desde la necesidad de volver a sentir ese cosquilleo y emoción real que brinda la música, y lo hace sin valerse de la nostalgia pero sí atendiendo a la artesanía compositiva que en su momento hizo de este proyecto musical su seña de identidad.
No sabemos si siguen buscando la canción perfecta de pop, pero este elenco de diez canciones pop-rockers con alma anglosajona setentera aportan una luminosidad inesperada de otro tiempo que despierta cositas en los corazones de quienes venimos del indie primigenio y el moderneo.
Tras unos adelantos que descubrían en orden la primera parte de este trabajo que inicia el hitazo Guerra mundial, nos embarcamos con ilusión en el estribillo facilón y coreable de Noche de locos (y en su solo de guitarra, obviamente), en unos minutos perfectos para un fin de fiesta que contrastan con la reflexión Sin razón y con motivo, que se presta más a encender los mecheros y a abrazarse con quien tengas al lado. La track 7 da nombre a este álbum y, por tanto, tiene su punto protagónico, entre punteos, riffs tapados y unos versos que hablan de quien no alcanza a ayudar a quien parece no tener solución.
Es curioso porque en No lo entiendo, sea por las guitarras en particular o por la estructura en general, uno no puede evitar pensar que quizás este sea un buen homenaje a bandas como The Sunday Drivers o Tachenko, incluso de bandas quizás menos conocidas como los coruñeses Stereotipos. La original reverberación vocal (e instrumental) en Despacio nos quita ese pensamiento de forma radical, en una oda al rock lento con gravedad cero y a ese irresistible erotismo que no se puede relatar mejor que desde el rock.
El álbum termina con las notas limpias de Creo que no, que es justo eso, un no directo, un puñadito de puntos sobre las íes, en la línea de un trabajo rotundo, bonito, esperanzador, cuya clave reside en combinar a la perfección lo analógico con las herramientas de hoy en día.
«Perfecto desastre», un álbum de grandes nombres.

Este tercer álbum de Landa se grabó en directo con instrumentos reales (algo por lo visto no tan habitual) en el estudio 5020 de Miami en agosto de 2025, con la dupla “latingrammeada” Orlando Vitto (Axis3 Studios) y Renzo Bravo en la producción, priorizando lo emocional sobre lo digital.
Álex, Ernesto y Nico trataron de construir verdad en forma de canciones, y el origen que desembocó en estas diez canciones es el regalo de un Pro Tools al propio Álex, quien enlazó el “juguete” a una idea en una nota de voz para volver a encender la mecha creativa. El arte de este Perfecto desastre es del artista Mario Feal (Ángel Stanich, La La Love You, Los Estanques…).






